‘No es cuánto damos, sino cuánto amor ponemos al dar.’
Si no haces algo o no das algo desde el corazón, entonces no des nada.. y quizá sea mejor no hacer nada en absoluto.
Las cosas que das a alguien, o la ayuda que no nace del corazón, suelen tener un precio muy alto. Y eso no es ayuda.
Cuando das desde el corazón y con amor, no hay expectativas. Ojalá más personas entendieran eso.
Además, por mucha ayuda que le des a alguien, eso no justifica tratar a esa persona como si fuera inferior, ni te da derecho a echárselo en cara enumerando todo lo que has hecho por ella. Porque, una vez más, eso no es ayuda.
Cuando alguien utiliza la ayuda para establecer una dinámica de poder o humillar a quien la recibe, deja de ser apoyo y se convierte en una herramienta de control y manipulación.
Niega el propio acto de dar. Convierte la ayuda en una deuda imposible de saldar, dejando a quien la recibe atrapado en un ciclo de obligación y culpa. Destruye la confianza.
Y todo esto habla de ti. Si alguien es un desagradecido, recordarle todo lo que has hecho por esa persona no hará que se vuelva agradecida. Tu forma de reaccionar también habla de ti. Y si alguien es un desagradecido, siempre tienes otras opciones, como poner límites.. especialmente para el futuro.
Ojalá la gente entendiera que nuestras acciones hablan por nosotros. O mejor dicho, que son las INTENCIONES que hay detrás de esas acciones las que hablan. Personas diferentes pueden hacer exactamente la MISMA cosa con intenciones y motivos completamente distintos. Sin embargo, muchas nunca se detienen a preguntarse cuáles son realmente sus intenciones cuando hacen, dan o dicen algo.
Todo se reduce a las intenciones que hay detrás de lo que hacemos y de lo que decimos, porque esas intenciones revelan quiénes somos como personas.
Nuestras intenciones revelan quiénes somos. También revelan nuestros valores y la manera en la que valoramos a los demás.
Hoy en día, muchas personas son valoradas por el dinero que tienen o por la posición que ocupan, en lugar de por quiénes son. Con demasiada frecuencia, el respeto se basa en lo que alguien puede ofrecernos, y no en quién es esa persona.
Hemos llegado al punto de que algunas personas te ‘evalúan’ por el teléfono que tienes.
Si no fuera verdad, daría risa. En cambio, revela los valores con los que viven muchas personas hoy en día. Una pobreza de espíritu. Afortunadamente, no todos somos iguales.
Ahora pregúntate esto.. hablando de dar, de amor, de valores y de intenciones.
Imagina que necesitas ayuda económica. Es un ejemplo hipotético, y voy a exagerar un poco para que se entienda mejor la idea. Aparecen dos personas dispuestas a ayudarte. Una te da 20 €. La otra te da 500 €. ¿Valorarías a ambas por igual? ¿O sentirías más agradecimiento hacia quien te dio 500 €?
Sé sincero antes de seguir leyendo.
Ahora imagina que descubres que la primera persona te dio todo lo que tenía y esa noche se quedó sin cenar. Mientras tanto, la segunda tenía 150.000 € en su cuenta, y esos 500 € venían acompañados de la expectativa de obtener algo a cambio.
¿Y ahora qué? ¿Ha cambiado tu respuesta? Interesante.. ¿verdad?
Una de las razones por las que no me gustan los mitos que rodean a las personas famosas es la forma en que se las presenta como superhéroes simplemente porque donan dinero. Y no, la culpa no es suya. Es la sociedad la que las coloca en ese pedestal.
Primero.. ¿por qué los futbolistas ganan cantidades tan absurdas de dinero? ¿Y los actores? ¿Por qué se les considera tan importantes? ¿Qué pasa con los médicos, los profesores, los cuidadores o las personas que dedican su vida a ayudar a los demás? ¿Por qué existe un desequilibrio tan enorme? Y después, ¿por qué convertimos en superhéroes a las personas con mucho dinero simplemente porque donan una parte de lo que ganan? Especialmente cuando los medios se aseguran de que todo el mundo lo sepa.
Estupidez.
Ayudar debería surgir de manera natural, especialmente si tienes mucho más dinero del que realmente necesitas, porque hay personas que no han tenido esa misma ‘suerte’.
Así que dame a los verdaderos superhéroes. Los del barrio. Quiero saber cuánto amor pones al dar, porque eso es lo que me dirá quién eres. No CUÁNTO das. No QUÉ das. Sino CÓMO das. Cuánto amor pones al dar.
Este no es el único texto. Pero hoy puede ser suficiente.