‘Cuando puedes contar tu historia y ya no te hace llorar, es cuando sabes que has sanado.’
La sanación importa mucho más de lo que la mayoría de las personas cree, porque afecta nuestra salud, nuestras decisiones, nuestras relaciones y la dirección y calidad general de nuestras vidas.
¿Cómo sabes siquiera que tienes una herida que necesita ser sanada? Puedes saberlo de diferentes maneras, entre otras, sintiendo dolor. Lógico, ¿verdad? Entonces presta atención a tus sentimientos y reacciones.
Si estás constantemente a la defensiva, si te tomas todo de manera personal, si te ofendes con facilidad, si ciertas personas o situaciones despiertan en ti ira, tristeza, incomodidad o algún trauma del pasado — sin ninguna intención de hacerte daño — normalmente significa que hay algo más profundo que requiere tu atención.
Debes detenerte y preguntarte: ¿esta persona realmente me hizo daño o tocó una herida que ya existía dentro de mí y que requiere mi atención y análisis?
Esto requiere consciencia y autoanálisis. Honestidad.
Muchas personas se saltan esta parte.. y luego transfieren sus heridas no sanadas a otros en forma de miedo, ira y daño hacia los demás.
Por eso, cuando surge una situación en la que algo te provoca, detente.
No reacciones. Haz una pausa. Y luego trabaja en ti mismo.
No transfieras tus ‘traumas’ a futuras relaciones. Si saliste herido de una relación pasada, dedícate tiempo a ti mismo. Comprende qué te hirió y aprende cómo ayudarte. Después habla de ello abiertamente con tu futura o actual pareja.
De esta manera os conoceréis más y mejor, profundizaréis la relación y evitaréis muchas discusiones.
¿Cómo sabes que has sanado una herida? Una de las señales más claras de sanación es poder hablar de lo que ocurrió sin sentirte abrumado por ello.
Si todavía te duele cuando hablas o piensas en ello, entonces la herida no está sanada.
Todavía.
Si puedes hablar de ello sin sentir un nudo en la garganta, significa que vas por buen camino para superarlo. O quizás ya lo has hecho.
Y no pienses que sanar es un camino recto que solo va hacia arriba.. La sanación suele parecerse más a una montaña rusa. A veces estás arriba y a veces abajo.
Incluso cuando aceptas la situación y sanas tus heridas, eso no significa que no vaya a llegar un día en el que vuelvas a llorar. Quizás llegue un día triste.
Pero reconocerás que simplemente es un ‘día triste’, no una herida sin sanar.
Y si no haces nada para sanar, recuerda esto:
Cada vez que revives ese recuerdo, tu cuerpo responde como si estuviera ocurriendo de nuevo, porque el cerebro puede recrear involuntariamente muchas de las mismas respuestas hormonales y neurológicas que experimentó durante el evento original. El bienestar mental y físico están profundamente conectados.
Así que te sometes al mismo estrés una y otra vez. Vuelves a sentir el mismo dolor.
Y seguirás haciéndolo y sintiéndolo hasta que decidas trabajar en tu sanación.
Para sanar, debes comprender la importancia de la aceptación, el perdón y el hecho de dejar ir situaciones o personas que te hicieron daño o te perjudicaron. Eso es crucial.
La aceptación no significa aprobación.
El perdón tampoco significa aprobación, sino comprensión y permitir que las emociones negativas te abandonen. No puedes dañar a quienes te hicieron daño aferrándote a emociones y sentimientos negativos. Si los mantienes dentro de ti.. te haces daño a ti mismo.
Date tiempo.
El tiempo no sana nada, pero tu fuerza y tu resiliencia sí. Aprende a vivir con ello. Y para eso necesitas tu tiempo.
Crece a través de aquello que atraviesas. Aprende de cada situación. No compares tu camino o proceso de sanación con la forma en que otras personas sanan. La sanación no es algo que haces por los demás.
Todo lo que haces en tu proceso de sanación, lo haces por ti. Por tu paz. Por tu bienestar. Por tu libertad.
Este no es el único texto. Pero hoy puede ser suficiente.